La frase de la semana

La frase de la semana:
"Todos los días tienen algo bueno que te encantaría que se repitiese"

martes, 16 de febrero de 2016

PAN CASERO DE NUECES

¿Un poquito de pan?






































Últimamente no leo más que propiedades y propiedades de los alimentos, y en este caso el pan, sobre todo, es buenísimo para el placer. Te hace salivar al verlo, te hace sonreír, inunda la casa de un olor riquísimo… Engorda, sí, pero también quita el apetito al sentarse a la mesa (ya has picoteado tanto pan que casi no tienes hambre).
Su consumo tiene tantas ventajas que podríamos decir que las propiedades del pan son sobrenaturales.

Aquí os dejo una riquísima receta de pan de nueces casero:

Ingredientes:
300 ml. de agua
500 gr. de harina
1 sobre de levadura
10 gr. de sal
50 gr. de nueces
Elaboración: Mezclar bien os ingredientes secos (excepto las nueces), después el agua, y por último las nueces. Hornear 1 hora a 170º.



miércoles, 10 de febrero de 2016

Careta de escayola de caballo


Esta vez reconozco que se nos fue la mano...bastante.
Uno de los niños, el de las grandes ideas, estaba empeñadísimo en ir disfrazado de caballo. No había forma de convencerle de que cualquier otra opción era bastante más fácil de conseguir, sobre todo porque ni recorriendo todas las tiendas de la ciudad encontramos un disfraz de caballo.
Pensamos que otra opción era aprovechar un cuerpo marrón de un disfraz de oso que teníamos y comprar un gorro de caballo, pero tampoco, encontramos de oso, de lobo, de cerdo, de cocodrilo, de jirafa..., pero de caballo nada.
La verdad es que el niño tenía tanta ilusión y dio tantas vueltas a la mesa del comedor a cuatro patas practicando para el disfra, que no podíamos quitarle la ilusión.
Así que mi marido y yo nos pusimos manos a la obra.

En primer lugar recortamos una botella de trina, la rellenamos de papel de periódico y tapamos también muy bien el canto para que no cortase. Cubrimos la cabeza con papel de periódico, dándole forma redondita con cinta de carpintero, apoyamos la botella en la frente, y unimos con más papel de periódico la botella al gorro de papel.
la razón por la que hay que usar para este tipo de manualidade cinta de carrocera (de carpintero) es porque sobre ella podemos pintar y aplicar cola blanca, cosa que no podríamos hacer sobre otro tipo de cintas plásticas. Una vez que la forma estaba hecha cubrimos todo con el "mejunje" Art Attack (copiado del programa: cola blanca y agua a partes iguales) y sobre él fuimos poniendo tiras de papel de periódico. Hicimos varias capas y lo dejamos secar hasta el día siguiente.
Cuando estaba todo bien seco, le pusimos al peque una bolsa de plástico cubriendo el pelo, y cubrimos todo con varias capas de tiras de venda con escayola (sólo hay que recortarlas y humedecerlas en agua). La escayola seca pronto, y ayudados por un secador en media hora teníamos lista la careta.
Después, lo que se ve en la foto, pintura, orejas con goma eva (pegadas con silicona caliente) y crin de lata gorda (Pegada también con cola).


Para sujetar la goma elástica del cuello, mi marido hizo dos agujeritos con la Dremel.
El resultado, una preciosidad. Económico, relativamente fácil de hacer, y sobre todo, muy original.
Podéis utilizar este tipo de sistema para conseguir cualquier forma; sólo tenéis que echarle imaginación y pensar qué podéis reciclar para utilizar de base hasta conseguir la forma deseada.













Un consejo, para esto y para muchas otras cosas: el libro de manualidades de Art Attack (nosotros lo cogemos en préstamo en las bibliotecas con frecuencia).


martes, 19 de enero de 2016

Talleres y actividades en La Coruña

Hay quien reniega de los grupos de Whatsapp, pero la verdad es que yo encuentro muy útiles algunos de ellos. El otro día una madre de la clase de una de mis fieras mandó un whatsapp al grupo de padres de la clase avisando sobre un evento de música infantil; otro día, en el grupo de padres de la clase de otra de mis fieras colgaron la foto de un cartel que anunciaba una fiesta infantil en un centro comercial. No pudimos ir ninguno de los dos días, pero me habría encantado, sobre todo porque creo que los niños agradecen estar con sus compañeros de clase fuera del entorno escolar.
Así que por colaborar un poco con padres desesperados que quieren entretener a sus hijos, aquí os dejo unos links con las actividades a las que vamos nosotros.

Para familias amantes de la música:
Podéis disfrutar de la Orquesta Sinfónica de Galicia en el Palacio de la Ópera asistiendo a los Conciertos en Familia. El precio de la entrada es 4 € para mayores de 4 años. Se trata de los mismos conciertos que la Orquesta prepara para las visitas escolares; por ello, son siempre muy amenos e incluyen explicaciones, escenificaciones o bailes, y los niños participan de forma activa en el concierto obedeciendo al director. El próximo será el 20 de febrero. Podéis encontrar toda la información en http://www.sinfonicadegalicia.com/programacion/categorias/conciertos-extraordinarios/?event_start_after=today.

Bajo el nombre "Do, Re, Bip" el MAC (Museo de arte Contemporáneo) ofrece también "Conciertos didácticos" (acceso libre hasta completar aforo). La música es la conductora del evento y los niños son los verdaderos protagonistas. Participan y se involucran en el espectáculo de manera cercana (dicho incluso de forma literal ya que pueden sentarse en el suelo pegados al escenario). El próximo concierto, este domingo a las 12:30. Tenéis el calendario en http://www.mac.gasnaturalfenosa.com/portfolio-items/re-bip-conciertos-didacticos/?portfolioID=633.

Para los amantes de la ciencia:
Los tres museos científicos de La Coruña (Domus, Casa de las Ciencias, y Aquarium) ofrecen una gran variedad de actividades, talleres, y cursos para niños. Tenéis el calendario completo de los tres museos, incluidos los precios y días gratuitos en http://mc2coruna.org/es/actividades.html. Desde mi punto de vista, son actividades muy entretenidas e interesantes, pero la edad está bastante restringida y en algunos casos tiene que entrar un adulto por cada niño.

Para los amantes de los cuentos:
Las bibliotecas públicas de la ciudad ofrecen sesiones de cuenta cuentos organizadas por edades. Son sesiones gratuitas hasta completar aforo para las que hay que inscribirse previamente. Tenéis toda la información en http://www.coruna.es/servlet/ContentServer?argIdioma=es&c=Page&pagename=Bibliotecas20%2FPage%2FGenerico-Page-Generica-UnaColumna&cid=1383012966018

Para creativos y mañosos: la Bebeteca de Biblioteca de la Diputación organiza talleres de plastilina y experimentos (sábados alternos) para niños de entre 4 y 6 años. Son gratuitos hasta un máximo de 15 niños, y no tiene que quedarse ningún adulto con ellos. Hay que apuntarse semanalmente y podéis hacerlo por teléfono. Tienen prioridad los socios de la biblioteca. La agenda la tenéis en: http://www.bibliotecaspublicas.es/bpd--coruna-ij/imagenes/Word_Pro_-_Talleres_animados_16.pdf


martes, 29 de diciembre de 2015

Aprender a expresarse: Lecto-escritura


Últimamente he leído muchos artículos en los que se habla de los problemas que existen entre padres e hijos adolescentes. Por suerte padres e hijos cada vez se llevan mejor, pero por desgracia cuando hay problemas suelen ser más graves y difíciles de solucionar. La gran mayoría de padres, profesores, psicólogos y pedagogos coincidimos en que muchos de esos problemas tienen su origen en la falta de comunicación.  ¡Cuántas veces no oímos a muchos padres decir “si le hubiese escuchado”, “si me lo hubiese contado”, “yo podría haberle ayudado”!
Es cierto, muchas veces podemos ayudar a nuestros hijos, pero sólo si sabemos qué les pasa. Son adolescentes y por lo tanto vergonzosos, así que si quieres saber qué le pasa a tu hijo tendrás que averiguarlo sin preguntarle directamente y siempre respetando su intimidad, sus cosas, su sitio, su espacio. ¿Cómo hacerlo?... Por suerte aún me quedan años para seguir leyendo…
Por lo de pronto, se me ocurre que debo contribuir a favorecer la comunicación con mis hijos, que debo ayudarles a aprender a expresarse (ojo, no enseñarles, sino ayudarles a aprender), a compartir sentimientos, miedos y preocupaciones.

La comunicación es, por definición, la forma de expresarse mediante un código común entre emisor y receptor, que busca la comprensión entre ambos. El problema en la adolescencia es que muchas veces padres e hijos no usamos el “mismo” código. Y ¿por qué no empezar por ahí? Practiquemos con nuestros hijos desde que sean pequeños a expresarnos, ellos y nosotros, enseñémosles la importancia de saber expresarse bien y de interpretar las formas de expresión de los demás, sea la que sea la que ellos elijan.
Desde muy pequeños todos nos expresamos, cada uno con nuestro mejor lenguaje. Y este lenguaje se escoge de forma individual.
Hoy en día se reconocen estos diferentes tipos de lenguaje: verbal (oral y escrito), plástico, musical, gestual, audiovisual, lenguaje de las tecnologías de la información y la comunicación. Es tal su importancia que la Educación Infantil en todos los países trabaja todos estos tipos de lenguaje.
Los niños están en continuo aprendizaje pero sobre todo son un libro abierto, hablan hasta que les pedimos que se callen, son sinceros hasta que les reprimimos, muestran sus sentimientos constantemente hasta que, sobre todo en público, les pedimos que los oculten.
Si desde pequeños les dejamos que se expresen, cada uno con su lenguaje, de mayores les costará menos abrirse con nosotros, contarnos sus problemas, sus preocupaciones. Pero deben ser ellos quienes decidan según sus preferencias el medio de expresión, sin obligaciones ni imposiciones.
El primero de los lenguajes mencionados, el verbal, es al que se le dedica mayor número de horas en el ámbito escolar debido a que se entiende como de uso común para todos los ciudadanos. Para mí su importancia es enorme (la grandiosidad del poder de las palabras) en todas las etapas de la vida: en los exámenes en el colegio, a la hora de redactar tu currículum, al escribir un email de trabajo…
Pero como en casa del herrero cuchillo de palo…: a mi hijo de 6 años le aburre escribir. Lo hace, y bien, y además obedece, pero no le gusta. Opino que con seis años no sirven ni “pues lo haces sí o sí” (recibes el efecto contrario), ni “pues es muy importante aprender a leer y a escribir” (con seis años no se ve esa importancia). Lo que se debe hacer es conseguir que le vea realmente la utilidad a escribir (que se la vea él, no tú), y si de paso le acaba gustando, pues estupendo.

Aquí os dejo hoy una serie de actividades que podéis hacer para practicar lecto-escritura con vuestros hijos:

  •       Hacer la lista de la compra. Si quieren sus cereales favoritos tendrán que escribirlo en la lista, y una vez en el supermercado, tendrán que ir leyendo y tachando.
  •       Postales de Navidad. Sale barato (unas postales y unos sellos), es divertido, es una tradición que compartir entre personas de distintas edades (pueden mandar postales a amigos, a los abuelos, etc.)
  •        Carta a los Reyes Magos. Creo que aquí no hay nada que explicar.
  •      Etiquetas con nombres. Aprovecha la cena de Nochebuena para que escriban el nombre de los invitados y los coloquen encima del plato de cada uno.
  •       Whatsappea: seguro que no hay nada que le guste más a tu hijo que tu móvil. Dale el premio de vez en cuando de que escriba un Whatsapp a tu marido o a tu mujer diciéndole “te quiero”, con todas las letras. Le encantará leer la respuesta.





martes, 17 de noviembre de 2015

Coloca el sobremesa en el medio de la casa

Según el real Decreto 1513/2006, de 7 de diciembre, por el que se establecen las enseñanzas mínimas de la Educación Primaria, las competencias básicas son aquellas que debe haber desarrollado un joven al finalizar la enseñanza obligatoria para poder lograr su realización personal, ejercer la ciudadanía activa, incorporarse a la vida adulta de manera satisfactoria y ser capaz de desarrollar un aprendizaje permanente a lo largo de la vida.
Según la Unión Europea las competencias básicas son ocho: competencia en comunicación lingüística, competencia matemática, competencia en el conocimiento y la interacción con el mundo físico, tratamiento de la información y competencia digital, competencia social y ciudadana, competencia cultural y artística, competencia para aprender a aprender, autonomía e iniciativa personal (competencia que enseña a ponerse en el lugar del otro y a aumentar la autoestima).

Suena bien, ¿verdad?

Según esto, nuestros hijos acaban la enseñanza obligatoria con ciertos conocimientos globales de todo, algo de cultura general, tienen directrices para tomar decisiones y encauzar su vida por donde quieren de forma tolerante, justa, pacífica.
Pero la realidad es que cuando acaban la enseñanza obligatoria en gran medida tenemos en casa a adolescentes de los que no sabemos de la misa la media, con vidas paralelas a su familia, e incluso vidas que sus propios amigos desconocen. La adolescencia es una etapa de mucha vida interior en la que sin contar nada en casa, la mayoría de las veces por vergüenza, los chicos se hacen preguntas sobre todo y sobre todos. Unas veces ellos mismos, cuando se rodean de adultos que les guían de la forma adecuada encuentran respuestas. Otras veces, cuando los adultos que les rodean o no son realmente maduros, o les descuidan y no les dedican el tiempo necesario, o simplemente no saben escucharles, estos adolescentes buscan un oído en otra parte.
Es una etapa de incomprensión porque ni ellos mismos se comprenden, de no aceptación porque ni ellos mismos aceptan los cambios que sufren, de soledad porque no se atreven a verbalizar lo que tienen en la cabeza. Son por lo tanto muy vulnerables, y cuando se les da un dedo cogen el brazo, y basta con que unos minutos se sientan escuchados e importantes para que sean los mejores amigos de ese receptor.

Este fin de semana, tras los atentados despreciables de París, he escuchado a muchos padres llevarse las manos a la cabeza y preguntarse cómo puede ser que tantos jóvenes estén siendo reclutados por locos que lo único que quieren es que te suicides, y si eres mujer, que antes se hayan aprovechado todos sexualmente de ti. Nos parece todavía lejano, una locura, nos creemos que sólo pasa en otros países, un caso de cada mil..., pero en tu propia casa o en clase de tus hijos puede haber adolescentes que sin que nadie lo sepa, estén siendo reclutados.
¿Es algo "moderno"? No. Antes pasaba y sigue pasando con las sectas, sólo que antes el reclutamiento era más difícil y más fácil de detectar ya que el contacto tenía que ser presencial. Para que tu hijo acabase metido en una secta tenía que quedar con esa gente, pero ahora con internet, tu hijo puede tener contacto con yihadistas desde su dormitorio mientras haces la cena.

Suena fuerte y aterra, pero es así.

Hay padres ahora que prohiben que sus hijos utilicen el móvil, la tablet, el ipod... pero no creo que sea la solución. De hecho la prohibición puede hacer que se engrandezcan sus ganas de estar todo el día conectados. Lo que hay que hacer es enseñarles a usar las nuevas tecnologías, a detectar cuándo deben cerrar una página, a no tener dependencia de la comunicación con otras personas a través de internet.

Mi marido dice siempre, los niños tendrán para estudiar un PC en el medio de la casa, donde todos podamos ver en todo momento qué hacen. ¿No os parece una buena forma de controlarles? Es cierto que muchos necesitan llevar un ipad o una tablet a clase porque tienen libros digitales, pero para usar esos libros y esos recursos no tienen porque tener conexión a internet, así que pueden hacer los deberes y estudiar ellos solos sin excusas. Aún así, es bueno instalarles un buen control parental, y si no sabéis ni cuál ni cómo hacerlo normalmente el departamento informático de los centros puede orientaros y ayudaros en esto.Y para su disfrute personal, si consultan páginas sobre sus gustos, sus hobbies, sus ídolos, o sus equipos de fútbol favoritos, no tienen nada que esconder. Hay que enseñarles que pueden hacerlo en el salón aunque todos veamos lo que hacen.

Estas son algunas de las ventajas de tener sólo un ordenador sobremesa en casa para uso de los hijos, y colocado en zonas comunes:

  • aprenden a compartir y no acaparar el uso del ordenador
  • evitas que vean imágenes de contenido sexual
  • no utilizarán la web cam
  • podrás controlar qué páginas ven y si son apropiadas
  • limitarás el uso del chat
  • potenciarás pasar tiempo en familia (es su turno con el ordenador, pero siguen estando en familia y pueden interactuar en las conversaciones)
  • si observas qué páginas miran, sabrás más de ellos (al ver qué contenidos leen, podrás hablar de más cosas con tus hijos)
  • te implicarás más en su formación (ves qué están estudiando en ese momento y tendrás más facilidades para ayudarles con los estudios si lo necesitan o para estimularles con las cosas que les gustan).



viernes, 23 de octubre de 2015

La importancia de elogiar a nuestros hijos

Hace unos días leí un artículo sobre los peligros de elogiar a nuestros hijos.  Estoy tan a favor de elogiarlos y tan en desacuerdo con la gran mayoría de las cosas que decía ese artículo que me apetece escribir mi opinión.
A todos nos gusta ser elogiados, y de hecho a veces hacemos cosas sólo para que nos elogien. Es una forma madura y adulta de llamar la atención. De hecho ante las cosas simples y cotidianas los adultos tenemos tendencia a quejarnos cuando no se nos elogia. Constantemente las madres preguntamos “¿está rica la comida?”. Si los elogios no fuesen necesarios no haríamos esa pregunta, nos serviría con ver buenas caras mientras los niños comen, o que al menos no protesten ni digan “no me gusta”. Pero no, ni siquiera cuando no escuchamos quejas necesitamos que salga de la boca de nuestros pequeños un “qué rico está”. Necesitamos escuchar un elogio ante un esfuerzo. Porque para otros a lo mejor lo que acabas de hacer es sencillo, peor para ti seguramente el tener la comida hecha para todos sea un gran esfuerzo, y por lo tanto, susceptible de ser elogiado.
Para mí los niños son algo así como el ser humano es estado puro, sin tapujos, sin complejos, sin represiones. Por eso son tan sinceros y expresivos (para lo bueno y para lo malo). Y si un adulto necesita un elogio, un niño más aún.
No se trata de crear en los niños ideas inventadas o falsas, sino de elogiar sus logros. Y quiero enfatizar tanto sus como logros. Es decir, elogiar cosas que el niño hace bien continuamente (lo cual suele ser, para sus limitaciones, prácticamente todo) creo que es innecesario porque creamos en ellos esa necesidad, haciendo que se frustren cuando no reciben un estímulo positivo tras una acción. Pero elogiar un logro es diferente. Según la RAE elogiar es “conseguir o alcanzar aquello que se intenta o se desea”. El problema que tenemos a veces los padres es que no distinguimos qué es un logro. Para nosotros todo lo que un niño hace es sencillo, y por lo tanto no vemos el gran esfuerzo que son para ellos muchas cosas. A veces no es que se acuerden de no colgar el abrigo en su sitio, sino que desde ahí abajo ni ven el perchero y por lo tanto no se acuerdan de hacerlo.
Tal vez muchas veces confundamos si tenemos que elogiar un logro de nuestros hijos o aquellos logros que nosotros deseamos que consigan. Tal vez tras muchos días insistiendo a nuestro hijo en que vea la televisión desde el sofá, y no sentado en el suelo pegado a ella, lo elogiemos el día que sin decirle nada se coloque donde nosotros queremos. Eso es un elogio ante una situación que el niño no siente como elogiable, porque de hecho en realidad no entiende la necesidad de no “comerse” la televisión por mucho que se lo expliques. En cambio nos olvidamos de elogiarle cuando consigue encajar todas las piezas del juego de construcción, porque para nosotros ese juego no es importante, sin pensar que él tenía ese deseo, conseguir hacer la fuerza necesaria para encajar esa pieza que llevaba días resistiéndosele.
Además como escribí en la frase la semana “reforzando lo bueno se mejora lo peor”, y si reforzamos con elogios lo bueno de nuestros hijos, crearemos en ellos un sentimiento positivo constante que les hará ser más felices y en consecuencia corregir ciertos comportamientos.  Pensad en los adultos: el día que estamos felices y no conseguimos algo le quitamos importancia, porque el estado de felicidad es prioritario, pero cuando tenemos un mal día, ese mismo hecho que no conseguimos hace que nos enfademos, que nos pongamos de mal humor, que hablemos dando cuatro gritos… Los niños hacen igual, reaccionan de esa manera pero de forma más primaria: por eso les dan pataletas y rabietas, porque a diferencia de los adultos no han aprendido aún a gestionar la frustración.

De corazón, mi humilde consejo es que conseguiremos una cadena de sentimientos y acciones positivas si elogiamos los logros de nuestros hijos. Os animo a que lo hagáis.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Recetas imprecisas de todo y nada

Hace ya unos cuantos días mi hermana me pidió la receta de la bechamel. No es que me cueste escribir, aunque sí me falta tiempo, pero no he sido capaz de hacerlo todavía porque no sé cómo...

Esto me recuerda a hace unas semanas cuando intenté colgar la receta de unos bollitos para merendar... y tampoco pude. Es más, iban a ser medias noches, pero resultaron ser bollitos, riquísimos, es o sí, pero no eran lo que yo tenía en mente.

¿Qué pasó? Que quien me dio la receta es una cocinera estupenda pero no sabe dar recetas.
Vengo observando esto últimamente en las abuelas y buenas cocineras de mi entorno. A preguntas esenciales para nosotras, pobres inexpertas, del estilo ¿cuánta cantidad le echo? (de lo que sea) dan respuestas absurdas del tipo "no sé, hija, lo que te pida", "tu ya vas viendo", "un poco a ojo", "a tu gusto"... Me cabrea, y mucho, y me entran ganas de decir "pues a mí el caldo no me pide nada", "a mi gusto no, al tuyo, que es quien sabe hacer la receta"...
Después está el tema de las medidas: siempre te las dan inexactas, usando como ejemplo recipientes que ya no tenemos en las casas. Te dicen: echa de agua una taza de duralex, de aceite necesitas medio vaso de los de nocilla. ¡No se darán cuenta de que el duralex es un material, no un tipo de taza!, y que además casi nadie las tiene ya (en gran medida debido a que una de las características de estas viejas tazas es que al caerse se rompen en mil pedazos pequeñitos y por eso ya nadie las quiere).
Tampoco piensan en que los vasos de nocilla de antes tampoco tienen la misma medida de los de ahora. ¿Qué haces en ese momento? ¿Le pides "su" vaso de nocilla o le preguntas: cuál, el de la promo de Minions o el de Frozen?
Imaginad que le doy a mi suegra una receta y le digo que de agua eche la mitad de un vaso de los de vino de la serie Murkla de Ikea, ¡la cara que se le quedaría!

Pero esto de lo que me quejo debemos tenerlo en el subconsciente cuando hacemos una cosa de forma automática. Hacemos algo pero no sabemos expresarlo, simplemente sabemos hacerlo, y como no tenemos que enseñar, no nos fijamos en cómo explicarlo. Y eso mismo me sucedió con la dichosa receta de la bechamel.

Mi primera versión era algo tan preciso y a la vez impreciso como:
Ingredientes:
Aceite: cubres la base la satén, como medio dedo meñique de alto;
Sal: un poquito;
Mantequilla (aunque en realidad yo siempre uso margarina, no sé cómo me las apaño): de la tarrinas da las de toda la vida, unos tres dedos;
Harina: ahí ya me pillas, un poco a ojo, no sé, una montaña;
Nuez moscada: ahí sí que sé, salpico cinco veces  por la parte del bote con agujeros pequeños (tengo la rara manía de contar a la vez);
Leche: lo que te pida, según veas que va espesando.

Me sentí bastante abuela así que mejor era no darle la receta y sugerirle que viniese a mi casa en Navidad y me viese hacerla.

Os dejo aquí, por si queréis arriesgaros, la NO receta de los bollos-medias noches:

Hacer una masa con:
10-20 gr. de levadura prensada desleída en 3 dedos de leche (a saber el ancho del vaso) y 100 gr. de harina.
Hacer otra masa con:
2 vasos de harina (a saber qué vasos)
2 huevos (me imagino que de los medianos)
50gr. mantequilla
1 1/2 cucharada de azúcar (¿de postre?, ¿sopera?)
sal (lo que te pida)
3 dedos de agua

Unir las dos masas y taparlo hasta que duplique su volumen. Hacer bolitas y colocarlas en una fuente de horno y esperar a que suban otra vez. Pintar con huevo y hornear (más o menos, 20 minutos a 180º)